Arquitectura, paisaje y colección: una mirada al Centro Botín

Arquitectura, paisaje y colección: una mirada al Centro Botín

Diseñado por el arquitecto y premio Pritzker Renzo Piano, en colaboración con Luis Vidal + arquitectos, se erige como un voladizo sobre el mar en un enclave singular de la bahía –lo que fuera el antiguo muelle–, el Centro Botín. El espacio queda conectado a la ciudad a través de los Jardines de Pereda, ampliados y mejorados por el paisajista Fernando Caruncho, a quien cabe dedicar una breve mención a modo de homenaje tras su reciente fallecimiento.

 

En museología y museografía, la relación entre el edificio y las colecciones que alberga plantea distintas formas de entender el protagonismo de ambos elementos. Hay espacios en los que la arquitectura adquiere un peso determinante en la experiencia del visitante, como ocurre con el Guggenheim de Bilbao –diseñado por Frank Gehry–, donde el propio edificio se ha convertido en uno de los principales reclamos del museo. En otros, como el Museo del Prado, es la colección la que ocupa el centro de la experiencia, mientras que la arquitectura actúa principalmente como marco para su conservación y exposición. ¿Dónde situaríamos entonces el Centro Botín?

 

En él, la arquitectura y la colección establecen relaciones más complejas, constituyendo un caso en el que el continente adquiere un protagonismo destacado y condiciona la experiencia visual. Con líneas limpias y sinuosas, sus salas establecen un diálogo constante con la ciudad y el mar, ofreciendo un remanso de paz. Desde la perspectiva que ofrecen las embarcaciones que cruzan la bahía, llama la atención cómo su arquitectura, que dista bastante de la de las casas señoriales que pueblan el paseo, se integra en el paisaje sin resultar visualmente estridente.

Una vez dentro, los ventanales convierten el paisaje exterior en parte de la experiencia del espacio, con la bahía de Santander a un lado y la ciudad al otro. Las salas dedicadas a las exposiciones temporales reúnen condiciones especialmente favorables para el diseño expositivo, ya que al ser diáfanas permiten modular exposiciones al antojo del comisario. Sin embargo, considero que la museografía no ayuda a destacar la colección permanente, conformada por la colección de arte del siglo XX reunida por Jaime Botín.

Bajo el título de Punto y Contrapunto, se exponen catorce obras muy expresivas con la intención de que interactúen en sus contrastes de tonos, texturas y estilos. El diálogo visual queda así, en buena medida, en manos del visitante, ya que la museografía se aproxima al modelo del clásico cubo blanco. No puedo evitar preguntarme si una mayor contextualización apoyada en material museográfico más variado habría permitido sacar más partido a esta magnífica selección.

Ante la próxima inauguración del edificio Faro Santander, situado a escasos metros y gestionado por la Fundación Santander –entidad independiente de la Fundación Botín–, resulta interesante observar las distintas formas en las que ambas instituciones articulan su actividad cultural. Será interesante ver qué líneas de programación desarrolla cada una dentro de sus respectivos proyectos culturales.

Créditos fotográficos: fotografías © Ondart. Las imágenes 1 y 3 pertenecen al archivo del Centro Botín.
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