La utilidad de lo inútil: el arte como necesidad

La utilidad de lo inútil: el arte como necesidad

Vivimos en una época donde todo parece medirse en términos de rendimiento, eficacia y rentabilidad. Eres en base a lo que produces. Sin embargo, en este escenario estrictamente pragmático, el arte se revela como una de las pocas actividades verdaderamente indispensables. Su aparente "inutilidad" —esa falta de un propósito práctico inmediato— es precisamente lo que le confiere una utilidad más profunda: la de recordarnos quiénes somos.

Si bien este era un tema que siempre me ha rondado la cabeza, fue la lectura del libro de Afonso Cruz, Vamos a comprar un poeta, lo que me hizo decidirme a escribir este breve texto. Lo que en un principio preveía como una lectura insufrible llena de números y porcentajes, terminó siendo una reivindicación magistral. En 103 hojas Cruz describe la gran pesadilla de muchos: una sociedad donde incluso un poeta puede comprarse, como quien adquiere una mascota exótica o un gadget extravagante. Lo inútil se vuelve, de repente, peligroso, porque introduce dudas en un mundo que solo cree en certezas.

A través de la figura de un poeta Cruz nos hace ver que las cosas más importantes de la vida no son utilitarias. Amar, contemplar, imaginar o crear no generan beneficios inmediatos, pero son gestos que sostienen nuestra humanidad. Esta intuición dialoga con lo que Nuccio Ordine desarrolla en La utilidad de lo inútil. En la inutilidad —dice Cruz— habita el altruismo, la generosidad y todo aquello que el ser humano considera noble. El arte, en su resistencia a la lógica de la producción, es una forma de libertad.

Paradójicamente, incluso cuando el arte nace sin intención comercial, puede convertirse en un éxito económico. Esto demuestra que su falta de propósito utilitario no le resta pragmatismo. De hecho, su valor radica justamente en que apunta a algo que ninguna máquina ni algoritmo puede producir: una experiencia estética, una emoción, una mirada distinta sobre el mundo.

La ficción y la cultura no son lujos ni adornos, sino dimensiones esenciales de nuestra identidad. Quizás la mayor utilidad del arte sea recordarnos que no todo lo valioso puede medirse o venderse. Lo “inútil”, en realidad, nos mantiene vivos.

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